La arrogancia que antes lo caracterizaba había desaparecido. Valeria supo por otros que su romance con Renata solo había durado ocho meses; se habían destruido mutuamente a causa de los celos, la desconfianza y las amargas discusiones, demostrando que lo que nace de la traición nunca prospera.
Sebastián se acercó al mostrador donde Valeria hojeaba algunos catálogos. Con lágrimas en los ojos, le rogó que le dedicara cinco minutos.
—Valeria, por favor —dijo, con la voz quebrándose por la emoción—. Fui un tonto. Pagué muy caro mi error.
