Escribe una carta.
No tienes que enviarla.
Pon:
Lo que te dolió.
Lo que agradeces.
Lo que nunca dijiste.
Lo que aprendiste.
Lo que ya no aceptarías.
Después guarda la carta.
O destrúyela.
La finalidad no es realizar un ritual mágico.
Es convertir pensamientos repetitivos en palabras concretas.
A veces lo que parece enorme dentro de nuestra cabeza se vuelve mucho más comprensible cuando aparece escrito delante de nosotros.
También puedes preguntarte:
“¿Qué aprendí de esa relación que puedo utilizar hoy?”
Quizá ahí está la verdadera razón por la que el recuerdo continúa apareciendo.
NO TODA PERSONA QUE RECORDAMOS PERTENECE A NUESTRO FUTURO
Esta frase puede doler.
Pero también puede liberar.
Algunas personas fueron extraordinariamente importantes.
Y aun así su lugar estaba en una etapa anterior.
Nos enseñaron algo.
Nos acompañaron.
Nos lastimaron.
Nos ayudaron a crecer.
Después los caminos cambiaron.
No necesitamos convertir a cada persona importante en alguien permanente.
Hay personas que fueron capítulos.
No porque fueran insignificantes.
Precisamente porque los capítulos también construyen una historia.
LAS CINCO PREGUNTAS QUE PUEDEN AYUDARTE A ENTENDER POR QUÉ SIGUE APARECIENDO
Cuando alguien vuelva a tu mente, en lugar de preguntarte inmediatamente si debes buscarlo, intenta preguntarte:
