Chapter 2: LA VERDAD DETRÁS DEKA RAAQUEL FRASCO

me dejen, quiero devolverte algo que no cabe en un audio. No hoy, si no puedes oírlo.

—Hoy no puedo —respondí—. Y no te quiero desaparecida. Quiero saber que estás en un sitio seco. Eso es lo que puedo darte esta mañana.

Ella asintió. Se fue con la trabajadora. No hubo abrazo. Hubo un gesto de la mano, pequeño, que yo devolví a medias. Era menos que un perdón y más que la puerta cerrada.

Por la tarde los médicos me quitaron la última vía. Caminé hasta la ventana sin apoyo. La lluvia había parado y el estacionamiento brillaba. Rebecca hizo la maleta mínima: el suéter, el papel del bloqueo, el abrigo azul doblado encima. No me dieron el alta definitiva. Me dieron permiso para salir unas horas con ella, a recoger lo que papá no debía elegir por mí, y volver a dormir en la habitación una noche más.

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