Chapter 2: LA VERDAD DETRÁS DEKA RAAQUEL FRASCO

la verdad.

—La deuda era mía —dijo—. El miedo a que vieran el correo era mío. La frase del teléfono era mía. Marisol la usó, y yo se la regalé. Karen puso el frasco, y yo preferí creerlo antes que preguntarte por la etiqueta. Después cerré la puerta. Esas horas no están en el sobre. No se devuelven con billetes.

Miré el sobre. No lo toqué. El dinero no tenía mi nombre escrito de una forma que yo quisiera reclamar. Lo que me habían quitado era el abrigo, la casa y la idea de que, si llamaba, abrirían.

—Mañana hay una reunión —dije—. La firma sigue viva. Si no bajo, van a hablar de mí como de una paciente que no puede entrar en una sala. Voy a bajar. No voy a sentarme a tu lado como si ya estuviéramos arreglados. Rebecca va conmigo. Si tú vas, vas a decir

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