Chapter 2: LA VERDAD DETRÁS DEKA RAAQUEL FRASCO

—No contesta. Le hemos dejado aviso en casa y en el teléfono. El vecino está atento. Si vuelve, lo sabremos.

Me acerqué al perchero. Toqué la manga descosida del abrigo azul. La tela estaba seca. Por dentro conservaba el frío de la casa, o fui yo quien se lo puso. Pensé en mi hermana dentro de un coche que no conocía, con la bolsa sobre las rodillas, habiendo elegido otra vez el silencio. Pensé en papá diciendo su cobardía en voz alta. Pensé en Marisol y en la frase que ya no era un secreto de cocina.

—Iré a la reunión —dije—. No voy a dejar que hablen de mí como si todavía estuviera inconsciente en la ambulancia.

Rebecca asintió.

—Entonces esta noche duermes. Mañana hablas. Y si tu hermana aparece, no será para decidir por ti. Será para ponerse delante de la misma mesa.

Fuera, la lluvia había vuelto

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