el pelo oscuro recogido, un abrigo claro y una carpeta azul contra el pecho. No parecía una sombra. Parecía alguien que presenta facturas y sonríe cuando el sello cae en el sitio correcto. Al ver a Daniels no retrocedió. Buscó con la mirada el número de las habitaciones.
—Vengo a ver a la hija del señor Walls —dijo—. Hay un traslado pendiente. Tengo la autorización.
—La paciente es menor, está consciente y no ha pedido verla —respondió Daniels—. Y esa autorización está bajo investigación. Puede dejar la carpeta. No puede pasar.
Marisol sonrió con cansancio, como si el oficial fuera un trámite.
—El padre firmó. La chica ha tenido un episodio grave. Hipotermia, desorientación, una noche fuera de casa. Justamente por eso el programa de supervisión existe. Si la retienen aquí sin cursar el traslado, el hospital asume un riesgo.
Sentí que la sangre me subía a la cara. Mi
