que yo misma había olvidado: todavía tenía derecho a vivir una vida que me hiciera sentir viva.
A los 59 años, dejé que un hombre mucho más joven entrara en mi vida: lo que descubrí esa noche cambió mi forma de verme
que yo misma había olvidado: todavía tenía derecho a vivir una vida que me hiciera sentir viva.