que alguien volviera a verme como una mujer y no simplemente como una madre, una trabajadora, una amiga o alguien que ya había vivido sus mejores años.
La verdadera sorpresa llegó después
Con el tiempo descubrí que él también tenía sus propias inseguridades.
Desde fuera parecía un hombre seguro, joven y lleno de posibilidades. Pero detrás de esa imagen había alguien que también tenía miedo de ser rechazado y de no ser suficiente.
Eso cambió completamente mi manera de verlo.
No éramos una historia perfecta.
Teníamos diferencias, discusiones y formas distintas de entender algunas cosas.
Pero había algo que ambos compartíamos: ninguno quería seguir viviendo según las expectativas de otras personas.
Una tarde me preguntó:
—¿Te arrepientes de haberme conocido?
Lo miré y le respondí sinceramente:
—No. Me arrepentiría más de haber tenido miedo y nunca haberlo intentado.
Lo que realmente cambió aquella noche
Con el paso de los meses,
