Por primera vez cambió un pañal, preparó un biberón siguiendo las indicaciones de Lucía y sostuvo a su hija mientras ella descansaba.
Al observar a Vega dormida contra su pecho, comprendió que ninguna de sus propiedades podía compararse con aquella sensación.
Pero la tranquilidad duró poco.
Al tercer día, Clara apareció en el ático acompañada por Martín, el director financiero.
—Llevas una semana ignorando una operación de 180 millones —reprochó Clara—. ¿Qué está pasando contigo?
Entonces vio a Lucía con la pequeña.
Su expresión se endureció.
—Así que era verdad. Has convertido tu divorcio en una guardería.
Adrián se interpuso.
—Estás hablando de mi hija.
Clara soltó una carcajada despectiva.
—Hace meses decías que esa mujer te estaba quitando la libertad. Ahora pretendes sacrificar la empresa por ella.
Lucía retrocedió, herida.
