El segundo bebé.
El rostro de Diego.
El rostro de Paola.
Mi madre escuchaba con la calma de las mujeres que han presenciado demasiadas injusticias relacionadas con los zapatos de hombre.
Cuando terminé, puso agua para el té.
—Ahora vas a hacer tres cosas —dijo.
—¿Cuáles?
—Comer, dormir y llamar a un abogado.
—Mamá…
—No me mires así. Ese hombre ya te demostró lo que hace cuando se siente acorralado. No estás sola, pero tampoco vas a caminar descalza sobre cristales rotos.
Al día siguiente, Diego empezó a llamar.
Las primeras diez veces.
Luego veinte.
Después de los mensajes.
—Perdóname.
—Cometí un error.
—Paola no significa nada.
—Estaba confundida.
—Son mis hijos.
Mis hijos.
continúa en la página siguiente