Llamaron a la ventana, lo que la sobresaltó. Allí estaba, Gregory Hale, vestido con un elegante traje y con una sonrisa segura que ahora parecía una máscara.
A su lado estaba Ashley, con un vestido elegante y tacones que resonaban con seguridad en el pavimento mojado.
—¿Entramos? —preguntó Gregory cortésmente, aunque su tono delataba cierta impaciencia.
Madeline salió con cautela, sujetándose el estómago con una mano, y respondió: —Claro, no querríamos retrasar el día más importante de tu vida.
Ashley se inclinó con una sonrisa amable y dijo: —Espero que no haya resentimientos, ya que es lo mejor para todos.
Su mirada se detuvo deliberadamente en el estómago de Madeline antes de añadir: —Gregory necesitaba a alguien que estuviera a la altura de sus ambiciones, y está claro que ahora tienes otras prioridades.
