En una ocasión, el jeque me había hablado de un antiguo médico que lo había tratado durante muchos años.
Se llamaba el doctor Fouad y, según había escuchado, tenía una clínica muy conocida en El Cairo.
De repente, comprendí que aquel médico podía ser la única persona capaz de ayudarme a descubrir lo que realmente estaba sucediendo.
Si alguien conocía la verdadera condición médica de Abdulrahman, era él.
Y yo estaba dispuesta a encontrarlo, aunque tuviera que enfrentarme a toda aquella familia.
Corrige la contradicción del embarazoHaz más creíble la reacción de Abdulrahman ## La búsqueda de la verdad
Decidí buscarlo. No tenía más que el nombre del médico, pero después de investigar un poco conseguí encontrar el número de su clínica.
Llamé y solicité una cita urgente. Al principio, la secretaria me dijo que tenía la agenda completamente llena, pero cuando le expliqué que el asunto estaba relacionado con un antiguo expediente médico del jeque Abdulrahman, aceptó darme una cita.
Al día siguiente salí de la mansión sin contarle a nadie el verdadero motivo de mi salida.
Llegué a la clínica y entré en el despacho del doctor Fouad. Era un hombre mayor, de cabello completamente blanco. Sin embargo, cuando descubrió quién era yo, su expresión cambió de inmediato.
—¿Usted es la esposa del jeque Abdulrahman? —preguntó.
—Sí, y necesito hacerle una pregunta muy importante.
—¿Qué sucede?
Coloqué el resultado de mis análisis sobre su escritorio y le expliqué:
—Estoy embarazada, pero mi esposo dice que eso es imposible porque todo el mundo asegura que es estéril. Necesito conocer la verdad.
Permaneció en silencio durante unos instantes. Después abrió uno de los cajones de su escritorio y sacó un expediente antiguo.
Comenzó a revisarlo cuidadosamente y, unos minutos después, levantó la mirada hacia mí.
—¿Quién le ha dicho que el jeque Abdulrahman es estéril?
Sentí que el corazón me daba un vuelco.
—Toda su familia. Incluso él mismo está convencido de ello.
El doctor respiró profundamente antes de responder:
—Durante muchos años traté al jeque por un problema de salud que había afectado a su capacidad para tener hijos. Sin embargo, después de un tiempo, el tratamiento dio resultado y los análisis confirmaron una mejoría considerable. En su última revisión, los resultados indicaban que tenía posibilidades reales de convertirse en padre.
Lo miré completamente desconcertada.
—¿Quiere decir que el embarazo podría ser de mi esposo?
—Desde el punto de vista médico, por supuesto que es posible. Pero debemos revisar todo el expediente y realizar las pruebas necesarias.
Entonces le hice otra pregunta:
—¿Y cómo es posible que él no lo sepa?
El doctor negó lentamente con la cabeza.
—En aquel momento le expliqué los resultados del tratamiento y envié una copia del informe médico a la dirección que teníamos registrada. Se suponía que debía conocer todos los detalles.
—¿Quién recibió el informe?
El doctor volvió a revisar el expediente. Después señaló un nombre en el documento.
Era Sameh.
En aquel instante sentí que las piezas del rompecabezas comenzaban a encajar.
Sameh sabía que mi esposo podía tener hijos, pero había ocultado aquella información deliberadamente.
Salí de la clínica sin poder creer lo que acababa de escuchar. Sin embargo, necesitaba conseguir más pruebas antes de enfrentarme a aquella familia.
## El secreto que habían mantenido oculto
Cuando regresé a la mansión, comencé a buscar cualquier documento antiguo relacionado con mi esposo.
Sabía que en su despacho había expedientes médicos de años anteriores, pero aquella habitación siempre permanecía cerrada.
Esa misma noche esperé hasta que el jeque salió para asistir a una reunión y entré en su despacho.
Comencé a abrir los cajones con mucho cuidado y a revisar los documentos.
Encontré varios informes médicos antiguos, pero había algo muy extraño: algunos contenían resultados completamente contradictorios.
Uno afirmaba que su estado de salud había mejorado después del tratamiento, mientras que otro aseguraba que sus posibilidades de tener hijos seguían siendo prácticamente inexistentes.
Los nombres y las fechas eran muy parecidos, pero los resultados eran diferentes.
Continué comparándolos hasta que encontré un informe original con el sello del hospital y la firma del médico.
Era evidente que los resultados verdaderos confirmaban que el tratamiento había funcionado.
Sin embargo, el otro documento era una copia falsificada en la que se afirmaba que su estado no había mejorado.
Fotografié todos los documentos con mi teléfono y los devolví cuidadosamente a su lugar.
Pero justo cuando estaba a punto de salir, escuché cómo se abría la puerta del despacho.
Me quedé completamente inmóvil.
¡Era Nawal!
Me miró fijamente y preguntó:
—¿Qué estás haciendo aquí?
Intenté mantener la calma.
—Estaba buscando un documento que mi esposo necesita.
Se acercó a mí lentamente.
—¿De verdad crees que podrás descubrir todos los secretos de esta casa?
La miré y pregunté:
—¿Entonces sí hay secretos?
Su expresión cambió inmediatamente.
—Escúchame bien, Maryam. Te daré un consejo: olvídate de ese embarazo y no te metas en asuntos que son demasiado grandes para ti.
En aquel momento confirmé que aquella mujer sabía mucho más de lo que estaba dispuesta a reconocer.
Respondí tranquilamente:
—No me estoy metiendo en ningún asunto. Simplemente estoy defendiendo mis derechos y los de mi hijo.
Ella soltó una carcajada burlona.
—¿Tu hijo? ¿Todavía sigues insistiendo en esa historia?
Salí del despacho, pero sus palabras me hicieron pensar profundamente.
¿Qué era lo que tanto aterrorizaba a aquella familia de la posibilidad de que el jeque tuviera un hijo?
¿Por qué Sameh estaba tan empeñado en ocultar el informe médico?
Comencé a repasar mentalmente todo lo que había sucedido desde el primer día que entré en aquella mansión.
Recordé sus discusiones sobre las tierras y las empresas. Recordé sus conversaciones sobre la necesidad de que el jeque siguiera sin herederos.
Y entonces lo comprendí todo.
No tenían miedo del escándalo que podía provocar mi embarazo.
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