que Margaret decidió que ya no necesitaba mantener aquella mentira.
—¡Lo hice por ti! —gritó finalmente—. ¡Esa mujer no era adecuada para nuestra familia! ¡Si te hubieras quedado con ella, habrías perdido la oportunidad de convertirte en el hombre que eres hoy!
Ethan la miró como si acabara de descubrir que no conocía a su propia madre.
—¿Me hiciste creer que Isabella me había abandonado?
Margaret no respondió.
—¿Y le dijiste que yo quería que se deshiciera de nuestro hijo?
Por primera vez en catorce años, vi a Ethan perder el control.
Golpeó la mesa con tanta fuerza que varias copas cayeron al suelo.
—¡Eran mis hijos!
Su voz se quebró.
—¡Me robaste catorce años con ellos!
Margaret se quedó inmóvil.
Pero yo no sentí satisfacción.
Ninguna confesión podía devolverme las noches en las que tuve que trabajar hasta caer rendida para pagar el alquiler.
Ninguna disculpa podía borrar las
