Parte 2: LA LLAMADA QUE DEMOSTRÓ QUE EL HOMBRE DEL ATAÚD NO ERA MI HIJO Y LA VERDAD QUE SU ESPOSA HABÍA ENTERRADO BOUGHTAT

que ninguna fortuna,ninguna empresa y ningún seguro valían tanto como escuchar nuevamente la voz de su único hijo.

Y aquella tumba que casi lo enterró para siempre quedó vacía, como un recordatorio de que, a veces, la verdad llega justo antes de que sea demasiado tarde.

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