PARTE 2 / FUI AL BASURERO A BUSCAR COMIDA PARA MIS HIJOS, PERO AL REGRESAR HABÍA TRES AUTOS DE LUJO FRENTE A NUESTRA CHOZA… Y DEL PRIMERO BAJÓ EL ESPOSO QUE YO CREÍA MUERTO…

mis hijos esperaban en casa bajo el cuidado de una anciana vecina que cobraba cincuenta pesos por día, dinero que raramente tenía pero que ella aceptaba con paciencia porque entendía que yo no tenía otras opciones.

Pero la caridad tiene límites. Y eventualmente, cuando la gente se cansa de verte sufrir o cuando sus propias vidas se vuelven demasiado complicadas para seguir ayudando a extraños, desaparece por completo.

Perdí el pequeño cuarto que alquilábamos en un edificio de apartamentos deteriorado en Tondo después de no poder pagar la renta durante tres meses consecutivos. El propietario, un hombre mayor que había sido paciente durante un tiempo, finalmente nos dio una semana para desalojar. Empaqué todo lo que podíamos cargar en dos bolsas de plástico grandes y salí con mis hijos hacia las calles sin saber adónde ir.

Terminamos viviendo en una choza construida con pedazos de madera recuperada, láminas de zinc

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