Nathan dejó su bolígrafo sobre el escritorio.
—Claire, necesito que me digas exactamente qué empresa te dejó tu abuelo.
Lo miré tranquilamente.
—Westbridge Capital Partners.
Su expresión cambió.
—¿La firma que controla inversiones por más de dos mil millones de dólares?
Asentí.
—Tengo el veintiocho por ciento.
Nathan permaneció inmóvil.
Después se inclinó hacia delante.
—Claire, ¿sabes quién es uno de los mayores deudores de Westbridge?
Sonreí sin alegría.
—Prescott Global.
Durante tres años, Aaron había presumido de haber conseguido financiación de uno de los fondos privados más exclusivos del país.
Nunca imaginó que su esposa participaba en aquella firma.
—El acuerdo de financiación se firmó antes de nuestra boda —expliqué—. Mi abuelo participó personalmente en la negociación.
Nathan revisó los documentos.
—Esto cambia muchas cosas.
Negué lentamente.
—No quiero destruir su empresa. Hay quinientas familias que dependen de esos empleos.
Nathan me observó durante unos segundos.
—Entonces, ¿qué quieres?
