—Comandante Damon Ward.
Sentí que algo se cerraba dentro de mi pecho.
—Coronel Mitchell.
El anciano sonrió con tristeza.
—Pensé que jamás volvería a verte.
Los padres comenzaron a murmurar.
Mitchell se volvió hacia ellos.
—Este hombre dirigió operaciones de rescate que salvaron decenas de vidas. Fue uno de los mejores instructores de combate que conocí durante mi servicio.
Blake palideció.
—Eso no demuestra que pueda vencerme.
Lo miré fijamente.
—Nunca vine aquí para vencerte.
Entonces ocurrió algo inesperado.
La puerta del gimnasio se abrió.
Evan estaba allí.
Había regresado porque escuchó los gritos.
Sus ojos se llenaron de lágrimas cuando me vio sobre la colchoneta.
—Papá, por favor, no pelees por mi culpa.
Aquellas palabras me atravesaron.
Me acerqué inmediatamente.
—No estoy peleando por tu culpa, hijo. Estoy aquí porque ningún adulto tiene derecho a hacerte sentir insignificante.
Evan me abrazó.
Y entonces escuchamos aplausos.
Primero uno.
Después varios.
