PARTE 2 / Después de cinco años de matrimonio, mi hija de cuatro años me susurró: “

de esta casa hace cinco años con las manos suaves y la sonrisa fácil. Volvió agotada, con miedo de molestar hasta cuando pide comida para su propia hija.

Eduardo no pudo mirarla.

—Si de verdad la quieres —continuó mi madre—, deja de perseguirla para que te quite la culpa. Aprende a cargarla tú.

 

Después de eso, dejó de venir.

Pasaron varias semanas.

Un sábado regresaba con Sofía de comprar materiales para su escuela cuando vimos a Diego sentado junto a una jardinera.

Se veía más delgado.

Cuando nos vio, se levantó.

—Mariana.

Sofía se escondió detrás de mí.

Diego bajó la mirada.

—Quería decirte que lo siento.

 

No respondí.

—Mi mamá se enojó conmigo porque papá no volvió con ella. Dice que todo fue mi culpa. Ya casi no cocina. No me ayuda con la escuela. Mi papá tampoco quiere hablar conmigo.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Ahora entiendo

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