que debía compensarte.
Su voz temblaba.
—Por eso siempre te puse primero.
Diego lloraba.
—Papá…
—Pero para darte todo a ti, se lo quité a tu hermana.
Laura intentó acercarse.
—Eduardo, yo hice esto porque todavía te amo.
—No.
—Me arrepentí de nuestro divorcio. Cada vez que venía y veía a Mariana ocupando mi lugar…
—Ese lugar no era tuyo.
Laura se quedó inmóvil.
—Entonces dime que no me quieres.
Eduardo negó con la cabeza.
—No te quiero.
—¿Y a ella sí?
Tardó demasiado en responder.
Después dijo:
—Sí.
Laura rio con amargura.
—Qué conveniente darte cuenta ahora.
Aquella frase lo golpeó.
—Crees que Mariana va a regresar porque hoy descubriste la verdad, ¿verdad?
Eduardo no respondió.
—La sacaste de tu familia veintiocho veces. Dejaste que tu hijo humillara a su hija. Permitiste que tus padres me llamaran a mí “nuera” mientras la trataban como una extraña.
Laura tomó su
