PARTE 2 / Después de cinco años de matrimonio, mi hija de cuatro años me susurró: “

piernas de Diego.

Retrocedió casi una hora.

En la grabación, Diego estaba sentado con ambas piernas levantadas sobre la mesa.

Sin dolor.

Sin dificultad.

Laura sostenía la férula que supuestamente le habían colocado en una clínica.

—Te dije que esto funcionaría —se escuchó decirle—. Si tu papá cree que necesitas cuidados, me dejará quedarme aquí. Y con un poco de suerte, Mariana terminará largándose.

 

Diego reía.

—Entonces tú vuelves con papá.

—Eso espero.

Eduardo dejó el teléfono sobre la mesa.

—¿Tu lesión es falsa?

Diego retrocedió.

—Papá…

—¿Es falsa?

Laura intentó intervenir.

—Solo fue una idea para…

—¡Cállate!

Eduardo nunca le había hablado así.

Diego empezó a llorar.

—Mamá me dijo que si ella se iba volveríamos a ser una familia.

Laura quiso hacerlo callar.

 

Pero Eduardo ya había empezado a revisar grabaciones antiguas.

Y lo que encontró terminó de destruirlo.

Meses antes, Diego había puesto el pie delante de

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