PARTE 2 / Después de cinco años de matrimonio, mi hija de cuatro años me susurró: “

quedarte.

 

Saqué una maleta.

Sofía empezó a meter su ropa.

A la mañana siguiente Eduardo salió a trabajar.

Laura entró poco después.

—Diego quiere quesadillas de camarón. Yo quiero de carne. Y no les pongas cebolla.

Seguí empacando.

Laura pateó suavemente la maleta.

—¿Todavía con el teatro?

No respondí.

Entonces sonrió.

 

—¿Sabes cuál es la diferencia entre tú y yo? Yo llevo seis años divorciada de Eduardo y sigo siendo parte de su familia. Tú llevas cinco casada con él y te ha sacado del grupo veintiocho veces.

Me miró de arriba abajo.

—Eduardo no te ama. Te necesitaba. Cocinas, limpias, atiendes a su hijo y además no cobras.

 

Sofía corrió hacia ella.

—¡No hables así de mi mamá!

Diego apareció detrás.

Para mi sorpresa, caminaba perfectamente.

Empujó a Sofía.

—¡No le grites a mi mamá!

Sofía cayó.

Después Diego la tomó del cabello.

Corrí, le sujeté la muñeca y

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