Parte 2: La verdad dentro del colchón
El día que Miguel se fue de viaje, supe que era el momento.
La casa estaba en silencio. Demasiado silencio.
Arrastré el colchón al centro de la habitación con el corazón latiéndome en los oídos. Tomé un cúter y, sin pensarlo demasiado, hice el primer corte.
El olor explotó.
Era peor de lo que había sentido antes. Me hizo retroceder, casi vomitar. Pero seguí. Tenía que saber.
Corté más profundo… y lo encontré.
Una bolsa de plástico, bien sellada.
Mis manos temblaban mientras la sacaba. Cuando la abrí, sentí que el mundo se detenía.
Dentro había ropa de mujer.
Ropa sucia. Deteriorada. Con ese mismo olor horrible.
Y entonces… lo vi.
Un collar.
Lo reconocí al instante.
Era de Camila.
Mi mejor amiga.
La misma que había desaparecido meses atrás.
Sentí que el aire desaparecía de mis pulmones. Todo encajó de golpe: sus viajes, sus mentiras, su comportamiento extraño.
No podía seguir negándolo.
Con manos temblorosas, tomé mi teléfono.
—Necesito a la policía… —susurré cuando contestaron.
Fui yo quien los llamó.
Fui yo quien abrió esa puerta.