sido accidental.
Entonces Carlos entró.
La cara de Rogelio cambió.
—¿Qué hace él aquí?
Carlos se sentó.
—Vengo a decir lo que escuché.
Contó toda la conversación.
Rogelio lo acusó de mentir.
Carlos sacó su teléfono.
—Sabía que ibas a decir eso.
Todos guardamos silencio.
—¿Qué tienes? —preguntó Patricia.
—Un mensaje que me mandó Rogelio después del accidente.
Abrió WhatsApp.
El mensaje decía:
“Ni se te ocurra decirle a Arturo lo que hablamos anoche. Ya bastante problema tengo con la bicicleta.”
Rogelio se puso de pie.
—Eso está fuera de contexto.
—Siéntate, por favor —dijo Patricia.
Pero Mateo me miraba a mí.
—Papá.
—¿Qué?
—Todavía falta una cosa.
Yo creí que hablaba de la fotografía.
No.
Sacó su celular.
—Don Ernesto encontró otra grabación anoche.
Rogelio dejó de discutir.
—¿De cuándo?
Mateo no respondió.
Abrió el video.
La pantalla mostraba nuestra calle durante la madrugada posterior al accidente.
Durante varios
