intentando ayudar a alguien que lo necesitaba».
Hice una pausa.
No quería convertirla en una heroína perfecta.
Lena había sido una persona real.
Tenía sueños, defectos, días difíciles y planes que nunca llegó a cumplir.
«Ojalá pudiera contarle todo lo que ha pasado. Decirle que terminé mis estudios, que hubo momentos en los que quise rendirme y que todavía recuerdo las tonterías que hacíamos cuando éramos pequeñas». Respiré hondo.
«Pero también quiero preguntarte qué habrías hecho con tu propia vida. Cómo habría sido tu trabajo. Qué lugares habrías visitado. A quién habrías amado». Las lágrimas empezaron a rodar por mis mejillas.
«No podemos recuperar esos años. Lo único que podemos hacer ahora es dejar de hablar de ella como si fuera un secreto».
Carmen se acercó y me tomó de la mano.
No dije nada más.
No era necesario.
Después del acto, me senté en un banco del parque.
La
