Charles sí me escribió.
Tres semanas después recibí un sobre en mi departamento.
Dentro había una tarjeta sencilla.
“No entendí todo lo que hacías hasta que dejaste de hacerlo. Lo siento.”
Leí la frase varias veces.
No decía que yo era perfecto.
No decía que ellos eran monstruos.
No intentaba borrar diez años.
Por eso le creí.
Le respondí con un mensaje corto agradeciéndole la disculpa.
No volví a cocinar para la familia Miller.
Familia
Meses después, el programa gastronómico de la Gran Plaza Reforma abrió oficialmente.
La noche de la inauguración llegué temprano.
Llevaba otro vestido color marfil, distinto al de aquella primera reunión, aunque casi del mismo tono. Me gustó la coincidencia.
