para ocultar que estaba rota, de la prueba de embarazo que sostuve temblando en el baño y de cómo ensayé veinte maneras distintas de darle la noticia. Él no me interrumpió ni una sola vez. Cuando terminé, tenía el rostro empapado y los ojos clavados en el suelo. —Durante tres años creí que protegerte era darte una casa grande y una vida sin preocupaciones —dijo con voz ronca—. Nunca entendí que lo único que necesitabas era que te mirara cuando entrabas a una habitación.
—Sophia me recordaba a un hombre que yo creía ser —continuó—. Alguien que ayudaba a los demás, que cumplía sus promesas, que no le había fallado a nadie. Me aferré a esa imagen y dejé que me costara mi matrimonio. Pero esta tarde, cuando me dijeron que ibas en ese avión, entendí que el único hombre que quiero ser es el que corre detrás de ti. Hizo una pausa y sacó de su cartera un papel doblado—. Hablé con mis abogados mientras venía hacia acá. La ayuda para Noah quedará en un fideicomiso administrado por una fundación, sin que yo tenga contacto con ella. Sophia no volverá a entrar a mi casa, a mi empresa ni
