—¿Y la póliza?
Julián tardó demasiado en responder.
—La cancelo.
—¿Por qué existe?
—Ya te expliqué lo del crédito.
—Una póliza de 25 millones donde tú eres el único beneficiario no necesita grasa en una escalera para explicar un crédito.
Julián bajó la voz.
—Piensa en el bebé.
Valeria apoyó una mano sobre su vientre.
Durante meses esa frase había servido para pedirle que tolerara comentarios, gastos, invasiones y decisiones tomadas a sus espaldas.
Ahora sonaba diferente.
—Eso estoy haciendo.
Terminó la llamada.
Su abogada no celebró.
Solo le recordó que la propiedad de la casa, la compañía y las cuentas principales seguía documentada a nombre de Valeria desde antes del matrimonio, y que podía retirar de inmediato los accesos administrativos que ella misma había concedido a Julián.
Valeriaautorizó únicamente eso.
No tocó cuentas personales de
