Abril tampoco pidió que lo hiciera.
Meses después, cuando pudo moverse con normalidad otra vez, regresó a la casa únicamente para recoger las últimas cosas que había dejado allí.
Se detuvo frente a la escalera.
Valeria había mandado retirar el acabado resbaloso y colocar una superficie más segura antes del nacimiento del bebé.
Abril pasó la mano por el barandal.
—No pensé que volvería a subir por aquí.
—Yo tampoco —contestó Valeria.
Abril llevaba un sobre sencillo.
Lo colocó sobre el escritorio del estudio.
Dentro estaban una tarjeta corporativa, una llave y los últimos objetos de la empresa que todavía conservaba.
—No quiero seguir viviendo de lo que es tuyo —dijo.
Valeria no respondió con un discurso.
Solo cerró el sobre.
La relación entre ellas siguió siendo incómoda durantemucho tiempo.
Abril nunca dejó de saber que Valeria había permitido que caminara hacia
