veintidós años.
Stoyanka había guardado la carta.
No se había perdido.
No había sido devuelta.
Había estado escondida.
Había también un segundo sobre.
Uno posterior.
Dentro, una carta breve y una fotografía de un bebé.
Un niño, envuelto en una manta de color claro.
En el reverso decía:
«Daniel. Tres meses de edad». No sabía cómo sostener la fotografía.
Por los bordes.
Con ambas manos.
Como algo que se desharía si lo sujetaba dela forma incorrecta.
Yana escribía que se iba a mudar lejos.
Que
no esperaría más. Que ella no le enseñaría a su hijo a avergonzarse de que su padre no hubiera aparecido.
Al final, había una sola frase:
«Algún día, si quieres saber de él, búscame tú mismo».
Algún día.
Ese día había llegado veintidós años después.
