El día que la llevaron, Mariana lo miró con lágrimas corriendo por sus mejillas:
— Yo no estoy enferma, solo estoy cansada… Tú me crees, ¿verdad?
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El día que la llevaron, Mariana lo miró con lágrimas corriendo por sus mejillas:
— Yo no estoy enferma, solo estoy cansada… Tú me crees, ¿verdad?