Estos bizcochos de campo son una opción clásica, rendidora y muy sabrosa para acompañar el mate o una merienda salada.
Tienen una textura tierna, apenas hojaldrada y un exterior dorado, con ese aspecto casero que los hace especialmente tentadores.

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Ingredientes
- 500 gr de harina 000
- 10 gr de sal
- 15 gr de polvo de hornear
- 120 gr de manteca fría
- 220 ml de leche
- 1 huevo
- 50 gr de queso rallado
- 2 cdas de perejil picado
- Pimienta a gusto
Preparación
- Colocar la harina en un recipiente amplio junto con la sal, el polvo de hornear y la pimienta.
- Agregar la manteca fría cortada en cubos.
- Trabajar con las manos hasta obtener una mezcla arenosa, dejando algunos pequeños trozos de manteca sin integrar por completo.
- Incorporar el queso rallado y el perejil picado.
- Agregar el huevo y comenzar a unir.
- Incorporar la leche de a poco, mezclando hasta formar una masa tierna.
- No amasar demasiado. La idea es unir los ingredientes sin desarrollar demasiado la masa.
- Pasar la masa a una superficie apenas enharinada y presionarla suavemente con las manos.
- Estirar hasta dejarla de aproximadamente 1,5 cm de grosor.
- Cortar los bizcochos con un cortante redondo.
- Acomodarlos sobre una placa para horno, dejando un pequeño espacio entre ellos.
- Llevar la placa a la heladera durante unos 15 minutos para que la manteca vuelva a enfriarse.
- Precalentar el horno a 200 °C.
- Si se desea, pincelar apenas la superficie con un poco de leche.
- Llevar al horno durante aproximadamente 18 a 22 minutos.
- Retirar cuando estén ligeramente inflados, con la superficie dorada y algunos bordes más tostados.
- Dejar reposar unos minutos antes de servir.
Tips y consejos
- La manteca fría ayuda a conseguir una textura más tierna y ligeramente laminada.
- No conviene amasar demasiado porque pueden quedar duros.
- La masa no tiene que quedar perfectamente lisa; pequeñas irregularidades ayudan a conseguir un resultado más casero.
- El grosor es importante: si se estiran demasiado finos, quedan más secos.
- No hace falta que todos tengan exactamente la misma forma.
- El queso rallado aporta sabor y ayuda a dorar la superficie.
- El perejil puede reemplazarse por orégano si se busca otro perfil de sabor.
- Si la masa se ablanda demasiado durante el trabajo, conviene enfriarla unos minutos.
- Se disfrutan especialmente tibios.
- Se pueden conservar en un recipiente cerrado y recalentar unos minutos en horno bajo.
El resultado son bizcochos salados, tiernos y dorados, con una miga suave y un sabor simple pero bien marcado, ideales para comer solos o acompañar con queso, fiambre o manteca.
