en la casa, en los novecientos dólares, en los dos años transcurridos. Y en la sopa que había cocinado el día anterior sin saber qué hacer con mi soledad. Quizás eso era lo que Leonor quería decir: hacer algo de casi nada.
Una cadena de sopa
Llamé al albergue del pueblo para dejar un mensaje por si Anselmo aparecía: «La sopa fue de lo mejor que he cocinado en mucho tiempo. Gracias por el libro de Leonor». No sabía si lo recibiría.
El domingo, cuando Lucía volvió, le mostré el cuaderno y le conté todo. Ella lo escuchó con atención y después dijo algo que me sorprendió:
—Deberíamos hacer algo. Anselmo hizo algo bueno por nosotras. Entonces nosotras hacemos algo bueno por otra persona. Como una cadena.
—¿Qué tienes en mente?
—El albergue. Podríamos hacer sopa. Somos buenas con la sopa.
Esa semana preparamos la sopa de pollo de Leonor
