un paso hacia delante.
—¡Jefe, esto es absurdo!
Vincent alzó la mano sin apartar la vista de Lily.
—He dicho que nadie la interrumpa.
El silencio regresó de golpe.
La niña apretó los dedos de Rosa.
Y entonces comenzó a contar el detalle que había estado intentando explicar desde que entró en el despacho…
Porque aquel reloj no era lo único que Lily recordaba haber visto.
