había un anillo de oro con forma de león.
La niña miró el anillo durante varios segundos.
Después levantó la vista hacia el rostro del hombre.
—Fue él —dijo.
Rosa se detuvo.
—¿Qué, cariño?
Lily señaló a Dominic.
—El señor Dominic.
El jefe de seguridad dejó escapar una risa breve.
—¿Qué ocurre, pequeña?
Lily no sonrió.
—Él puso el reloj en el bolsillo de mi mamá.
Las palabras parecieron vaciar de aire la habitación.
Rosa sintió que las rodillas le temblaban.
Uno de los guardias volvió la cabeza hacia Dominic.
Otro miró inmediatamente a Vincent.
Dominic permaneció inmóvil durante una fracción de segundo.
Después forzó una sonrisa.
—Creo que has confundido algo, Lily.
La pequeña negó con la cabeza.
—No.
—Tal vez viste a otra persona.
—Te vi a ti.
Dominic dejó de sonreír.
Vincent se apartó lentamente del escritorio.
No era un movimiento brusco.
Precisamente por eso resultó tan
