La hija de un millonario no puso un pie fuera de su casa durante tres años… hasta que el ama de llaves logró hacer lo que nadie más pudo.

Valeria comenzó a reír.

—¡Más rápido!

Teresa corrió empujando la silla. No era prudente ni elegante, pero después de 3 años de silencio, la carcajada de Valeria valía el riesgo.

Fue entonces cuando Octavio las encontró.

De vuelta en la mansión, Gonzalo aprovechó el miedo de su cuñado.

—Hoy fue una vuelta sin permiso. Mañana podría convencerla de irse quién sabe a dónde.

—Valeria pudo lastimarse —respondió Octavio.

—Esa mujer no comprende la gravedad de su condición.

Valeria intentó intervenir.

—Papá, yo se lo pedí.

—No sabes cuántos peligros existen afuera.

—Sí lo sé. Llevo 3 años mirándolos por la ventana.

Octavio evitó sus ojos.

A la mañana siguiente despidió a Teresa.

—No estoy diciendo que sea una mala persona —explicó—. Pero necesito recuperar la tranquilidad de esta casa.

—La tranquilidad no siempre significa que las cosas estén bien.

—Mi decisión está tomada.

—Entonces permítame despedirme de Valeria.

Gonzalo, presente

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