que no la había seguido.
—Te vi —dijo Valeria.
—Prometí no intervenir, no desaparecer.
Ella sonrió.
—Es un buen comienzo.
Al día siguiente, Octavio fue a la casa de Teresa.
—Vine a pedirle perdón.
—¿Valeria sabe que está aquí?
—Fue ella quien me dio su dirección. Quiere que regrese, pero dejó claro que no desea una cuidadora que haga todo por ella.
—Yo tampoco quiero ese trabajo.
—Entonces vuelva como asistente de rehabilitación. Usted podrá acompañarla, pero las decisiones serán de Valeria.
Teresa aceptó con una condición.
—Cada vez que sienta miedo, pregúntele primero qué necesita. No decida antes de escucharla.
Cuando regresó a la mansión, Valeria la esperaba junto al portón.
—Tardaste bastante.
—Tu padre necesitaba aprender a tocar puertas.
Se abrazaron entre risas.
Con el apoyo de Teresa, Valeria ingresó al programa de rehabilitación que Gonzalo había rechazado. Aprendió a desplazarse por la ciudad, usar transporte adaptado y
