las dos manos. Deslizaba el dedo por la pantalla con rapidez.
Mariana no respiró.
Teresa levantó la vista.
Sus miradas se cruzaron.
Durante un segundo, el rostro de la mujer mostró algo que Mariana jamás había visto desde el supuesto derrame:
pánico.
Inmediatamente Teresa se dejó caer sobre la cama, escondió el teléfono bajo la cobija y volvió a colocar el brazo derecho en aquella posición rígida que Mariana conocía tan bien.
—¿Doña Teresa?
Nada.
—¿Me escucha?
La mujer apenas parpadeó.
Mariana avanzó hasta la cama.
Sacó el celular de debajo de la cobija.
La pantalla seguía encendida.
Había una conversación abierta en WhatsApp.
Mariana sintió un escalofrío.
Podía ser una recuperación momentánea, intentó convencerse. Tal vez algunos pacientes recuperaban movilidad poco a poco.
Pero entonces recordó las galletas que una mañana había encontrado debajo de la cama.
Recordó una cobija que aparecía doblada de manera distinta.
Recordó que varias
