La categoría de un huracán se determina principalmente a partir de la velocidad de sus vientos sostenidos. Por ese motivo, cualquier modificación en la intensidad del sistema puede provocar cambios en su clasificación a medida que transcurren las horas y evolucionan las condiciones atmosféricas y oceánicas.
En el caso de Karina, uno de los principales aspectos de interés no está relacionado únicamente con su intensidad, sino también con el impacto que su circulación puede generar en el estado del mar. Incluso cuando el centro de un huracán se mantiene lejos de tierra firme, las condiciones marítimas pueden deteriorarse considerablemente en regiones ubicadas a una distancia importante del sistema.
Los vientos con fuerza de huracán se extendían aproximadamente 45 kilómetros desde el centro, mientras que los vientos asociados con condiciones de tormenta tropical alcanzaban una distancia cercana a los 185 kilómetros.
Esta amplia circulación favorece la generación de marejadas y oleaje elevado, condiciones que pueden propagarse hacia diferentes sectores de la costa. Por esta razón, las autoridades meteorológicas mantienen especial atención sobre las zonas costeras del suroeste de México y la península de Baja California.
