“Así que escúchame. No puedes dejar de vivir solo porque no estoy allí. ¿Me oyes? Eso no está permitido”.
Me sacudí la cabeza, ya abrumado.
“Esto es lo que vas a hacer. Vas a volver a mi escuela. Vas a encontrar al bibliotecario y decirle que quieres ser voluntario”.
Miré a Judy entre lágrimas. Mantuvo los ojos en la pantalla.
“Siempre hay un niño en esa biblioteca sentado solo. Los he visto. Alguien con la capucha levantada que piensa que nadie se da cuenta de ellos. Alguien que siente que es invisible”.
La voz de Lily se ablandó.
“Ve a buscar a uno de ellos, mamá. Siéntate. Pregunte qué están leyendo. Eso es todo. No tienes que arreglar nada. Sólo esté allí. La forma en que siempre estuviste ahí para mí”. Embarazoy maternidad
La pantalla sostenía su rostro.
“Y Mamá. No lo hagas por mí”.
Sonrió, pequeña y segura.
“Hazlo porque todavía estás aquí”.
El video terminó.