Nos sentamos en su coche en el estacionamiento con la computadora portátil abierta en la consola central. Le agarré el impulso con fuerza un momento antes de dárselo.
– ¿Estás listo? Ella preguntó.
– No -dije-. – Adelante.
El video cargado.
Lily apareció en la pantalla.
Estaba sentada en su cama, con las piernas cruzadas, mirando directamente a la cámara. Se parecía a ella misma, no a la versión disminuida de los últimos meses, sino a la versión a la que seguía tratando de aferrarme a mi memoria. Alerta. Específico. Totalmente Lily.
– Hola, mamá. Embarazoy maternidad
Me apreté los dedos contra la boca.
“Si estás viendo esto, significa que te quedaste atrapado más tiempo de lo que esperaba”.
Una risa débil y rota salió de mí a pesar de todo.
– Te conozco -dijo ella-. “No te vas de la casa a menos que sea absolutamente necesario. No estás respondiendo llamadas. Estás comiendo cereales a horas extrañas y fingiendo que está bien”.
Me conocía tan bien que me dolía.