- Sustituye un refresco al día por agua saborizada casera (limón, pepino, menta, frutos rojos).
- Diluye tu refresco con agua con gas para reducir su contenido de azúcar manteniendo las burbujas.
- Elige formatos más pequeños: una lata de 25 cl en lugar de una botella de 50 cl.
- Limita los refrescos a ocasiones especiales: un vaso en el restaurante o durante una fiesta, pero no todos los días.
- Prueba las alternativas sin azúcar con moderación, ya que pueden mantener el hábito del sabor dulce.
Estos pequeños cambios, acumulados durante varias semanas, pueden tener un impacto considerable en tu salud. Una reducción del consumo de azúcar líquido suele traducirse en una pérdida de peso, más energía y una disminución de los riesgos cardiovasculares.
El papel de los supermercados y la comida rápida
Sería injusto señalar únicamente a los consumidores. El entorno alimentario desempeña un papel clave. En Estados Unidos, las grandes cadenas de comida rápida ofrecen formatos XXL a precios irrisorios. En Francia, los refrescos suelen ser más baratos que el agua embotellada en los supermercados. Las máquinas expendedoras en los centros escolares o profesionales están llenas de ellos. ¿Cómo resistir a la tentación cuando está en todas partes, al alcance de la mano y a bajo precio?
