Completamente conmocionado.
—De verdad que no puedo, Valeria. Estoy muy cansada. Buenas noches.
Apagó la lámpara con un solo clic. La dejó allí, sentada al borde de la inmensa cama doble, inmóvil, sintiéndose patética con su vestido de novia medio desabrochado, su impecable peinado y su alma hecha pedazos. Valeria lloró en silencio durante una hora entera, mordiendo las sábanas para ahogar sus sollozos, hasta que el agotamiento físico la venció.
Apenas había dormido cuarenta minutos cuando un ruido sordo en la habitación la despertó sobresaltada. Eran casi las cuatro de la mañana. La suite estaba poco iluminada, pero
