Con el corazón roto, se habían prometido fidelidad eterna. Por eso, ninguno de los 250 invitados se sorprendió cuando Valeria la eligió como madrina. Renata aceptó el papel con lágrimas en los ojos y una sonrisa tan dulce que, en ese momento, Valeria lo consideró la mayor prueba de amor incondicional.
La noche anterior a la boda, las dos familias tuvieron una cena íntima en el patio central de la hacienda. Sebastián fue extremadamente amable, aunque quizás un poco más callado de lo habitual, lo que Valeria atribuyó a la típica tensión previa a la boda. Renata,
