El juicio conmocionó al país. Ambos fueron condenados a décadas de prisión.
Meses después, Alejandro había reconstruido su vida, pero sus prioridades habían cambiado.
Visitó a Carmen y Lupita, no como un multimillonario, sino como un hombre que había aprendido lo que realmente importaba.
Creó la Fundación Lupita Garza, dedicada a ayudar a pacientes en coma abandonados. Le ofreció a Carmen un puesto de liderazgo, reconociendo su valentía e integridad.
Luego se volvió hacia Lupita.
No quería llevársela—quería formar parte de su familia.
“¿Me dejarías ser tu papá?” preguntó suavemente.
Sin dudarlo, ella lo abrazó.
“Sí, papi Alex.”