Cómo plantar los arándanos
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Llená la maceta con el sustrato preparado, dejando unos 5 cm libres en la parte superior.
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Colocá la planta en el centro y cubrí las raíces suavemente, sin presionar demasiado.
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Regá con abundante agua para asentar la tierra.
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Agregá una capa de corteza o aserrín para mantener la humedad y evitar malezas.
Cuidados esenciales para una cosecha abundante
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Riego: Los arándanos necesitan un suelo constantemente húmedo, pero sin encharcar. Usá agua sin cloro (puede ser de lluvia o reposada).
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Fertilización: Aplicá un fertilizante para plantas acidófilas o uno casero a base de café molido, cáscaras de huevo trituradas y cáscaras de banana.
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Poda: Cada año, podá las ramas más viejas y débiles para estimular un nuevo crecimiento.
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Luz: Colocá la maceta en un sitio con al menos 5 horas diarias de sol.
Cómo multiplicar los arándanos
Una de las grandes ventajas del arándano es que podés reproducirlo fácilmente:
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Cortá una ramita joven de unos 10 a 15 cm de largo.
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Retirá las hojas inferiores y colocala en un vaso con agua o directamente en una maceta con turba húmeda.
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En unas semanas, aparecerán raíces.
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Trasplantá a una maceta definitiva y cuidala igual que la planta madre.
Con este método, podés tener nuevas plantas cada año y producir arándanos de forma continua.
Trucos para mejorar la producción
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Plantar más de una variedad mejora la polinización y aumenta la cantidad de frutos.
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Mantené el suelo siempre ácido; si notás que pierde acidez, agregá unas gotas de vinagre en el agua de riego una vez al mes.
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Durante el invierno, cubrí las raíces con hojas secas o paja para protegerlas del frío.
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No coseches los frutos apenas se pongan azules; esperá unos días más para que alcancen su punto máximo de dulzura.
