Adoptar una rutina simple pero constante marca la diferencia. Estos son los pasos fundamentales:
Hidratación diaria
La hidratación es clave para lograr uñas flexibles y resistentes. Aplica cada noche unas gotas de aceite nutritivo, como ricino, argán o almendras dulces, sobre las uñas y las cutículas. Un masaje suave activa la circulación sanguínea y favorece el crecimiento.
Cuidados piel
Protección constante
Las tareas del hogar pueden ser devastadoras para las uñas. Usa guantes al lavar los platos o manipular productos de limpieza. Evita también morderlas o usarlas para rascar o abrir objetos.
Menos químicos, más suavidad
Reduce el uso de esmaltes con ingredientes agresivos como el formaldehído y opta por quitaesmaltes sin acetona, mucho menos resecantes.
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