miente. La noche en que me perdieron el frío fue porque la puerta se cerró, no porque mi cabeza no pudiera cuidarme. Pido que esta copia se anule. Pido que mi nombre vuelva a ser solo mi nombre.
La señora Patel acercó un sello y una segunda hoja, corta, que Rebecca leyó en voz alta antes de dejarme el bolígrafo. No había letras pequeñas escondiendo un programa. Decía que yo impugnaba la autorización, que estaba consciente y que el bloqueo pasaba a ser anulación. Firmé. Mi letra salió temblorosa y legible. Papá firmó debajo la renuncia a cualquier permiso que aquella hoja le hubiera dado, y escribió de su puño que la firma original se había obtenido en una carpeta que no leyó y que no la ratificaba. Karen firmó como testigo de lo que había puesto en mi cuarto y de lo que había callado en el porche. Daniels
