que dejé de sentir las piernas. Eso es lo que me trajo aquí. No un programa. No una firma.
Nadie me interrumpió. Cumplí lo que le había prometido a Rebecca. Empecé por la puerta. Describí el cerrojo, los faros que no se detenían, la voz del oficial que yo no oí y que después me contaron. Describí el sobre blanco en la cocina y la frase de papá al teléfono, sin convertirla en una explicación que lo salvara. Cuando terminé, tenía la boca seca y la jarra demasiado lejos. Rebecca me acercó el vaso.
Papá habló cuando le tocó. Dijo el cerrojo antes que la deuda. La voz le falló en la palabra abrigo y no pidió que se la perdonaran. Dijo que había firmado una carpeta que Marisol pasaba hoja por hoja. Dijo que le había prestado el acceso una tarde y que la clínica tenía registros de usos
