Chapter 2: LA VERDAD DETRÁS DEKA RAAQUEL FRASCO

la lámpara hasta dejarla en un hilo. En el pasillo, alguien empujó un carro. Cerré los ojos y vi la sala de mañana, una mesa larga, mi nombre en una carpeta que yo no había escrito. Vi también a Marisol, de abrigo claro, buscando otra ventanilla si esta se le cerraba. El miedo no se había ido. Se había sentado en una silla y había aceptado esperar al mediodía.

Antes de dormirme le dije a Rebecca, en voz baja, la frase que quería poder pronunciar sin que me temblara la boca.

—No necesitaba supervisión. Necesitaba que abrieran la puerta.

Ella me apretó la mano.

—Entonces mañana empiezas por ahí.

La sala de la reunión no se parecía a un juzgado. Era una habitación del hospital con una mesa demasiado grande, una jarra de agua y una ventana que daba al estacionamiento. Aun así, cuando entré, todos se callaron como si

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