
Después soltó una carcajada amarga.
—Así que llevas dos años engañándome.
Y entonces pronunció unas palabras que jamás olvidaré:
—Mi madre tenía razón. Una mujer rica solamente sirve mientras aprende a compartir lo que tiene.
Antes de que pudiera responder, levantó el teléfono y llamó a alguien.
—Mamá, ven mañana con Diego. Mariana necesita entender quién manda en esta familia.
Advertisement
Todavía no sabía que aquella llamada era apenas el comienzo de algo mucho peor.
PARTE 2
